Hay tardes en las que el sol brilla, alguien se anima y los amigos aparecen de repente. Una barbacoa improvisada es la mejor respuesta a ese momento. No requiere gran organización, solo un poco de ingenio y de buen humor. Con lo que hay en casa y algunas compras rápidas, se puede montar una comida al aire libre que todos recuerden con cariño, aunque no estuviera planeada.
Empieza por lo esencial: la parrilla y el fuego. Comprueba que la barbacoa está limpia y estable, y que hay combustible suficiente. Elige un sitio abierto, lejos de cualquier cosa que pueda arder y del alcance de los niños. Prepara agua cerca por si acaso, y no dejes nunca el fuego sin vigilancia. Una vez encendido, hay que esperar a que las brasas estén listas, y ese rato se aprovecha para preparar el resto.
Qué poner en la parrilla
Escoge alimentos sencillos y rápidos: salchichas, hamburguesas, brochetas, verduras, pan y queso. Las verduras a la parrilla, como pimientos, calabacín o berenjena, gustan a casi todos y aportan variedad. Añade una ensalada y algo de pan, y tendrás una comida completa. No hace falta tener de todo: lo que hay, bien preparado, es suficiente.
Mantén la higiene. Separa siempre lo crudo de lo cocinado, usa utensilios distintos y lávate las manos. Asegúrate de que la carne está bien hecha por dentro antes de servirla. Tapa los platos con una tela para proteger la comida de moscas e insectos, y no dejes lo que sobre al sol. Con estas costumbres sencillas, la comida sale segura.
Pregunta a los invitados si alguien tiene alergias o no come ciertas cosas, y respeta lo que te digan. Ten preparada una opción para quien no coma carne, como brochetas de verdura o queso a la plancha. Ofrece bebidas frescas sin alcohol, como agua con limón, zumos o refrescos, para que todos tengan algo a su gusto.
Deja que los amigos participen. Uno vigila la parrilla, otro prepara la ensalada, otro pone música. Cuantas más manos, más ligera es la tarea, y más se disfruta. Al terminar, apagad el fuego por completo y recoged entre todos. La comida al aire libre, sin formalidades, tiene un encanto especial, y las mejores tardes suelen ser las que no se planean.