Un desayuno para los invitados que se han quedado a dormir

Ilustración de un paisaje

Cuando alguien se queda a dormir, el desayuno es la última impresión de su visita. Un buen desayuno hace que los invitados se marchen con una sonrisa y ganas de volver. No tiene que ser un banquete ni exigir horas de trabajo. Se trata de tener a mano cosas sencillas, ricas y variadas, y de dejar que cada uno vaya a su ritmo, porque no todos se levantan a la misma hora.

Prepara lo que puedas la noche anterior. Pon la mesa, deja listos los platos, las tazas y los cubiertos, y saca los alimentos que no necesitan frío. Puedes dejar preparados el pan, la fruta cortada, las mermeladas y algún dulce casero. Un termo con café o infusiones evita tener que levantarse cada poco a servir. Así por la mañana solo hay que sacar y calentar lo imprescindible.

Variedad para todos los gustos

Ofrece un poco de todo. Pan tostado, tomate, aceite, mermelada, queso, fiambre, fruta, yogur y cereales cubren casi cualquier preferencia. Si te apetece, prepara algo caliente, como unos huevos o unas tortitas, pero sin obligarte. Con un buen surtido, cada persona monta su propio desayuno, y tú puedes sentarte a charlar con ellos en lugar de cocinar.

Antes de que lleguen, pregunta si alguien tiene alergias o evita determinados alimentos, y ten en cuenta su respuesta. Un pequeño cartel con lo que contiene cada cosa evita preguntas. Ofrece bebidas variadas: café, té, leche, zumo, agua. Si hay niños, ten a mano algo dulce y algo de fruta para que desayunen bien antes de salir.

Respeta los ritmos de los invitados. Algunos madrugan y quieren desayunar pronto, otros prefieren dormir un rato más. Deja el desayuno preparado para que cada uno se sirva cuando se levante, y no lo retires demasiado pronto. Deja a mano toallas limpias, una nota con la clave de internet y algo de información sobre el día, por si la necesitan.

Cuando llegue el momento de despedirse, ofrece algo para el camino: un bocadillo, fruta o un trozo de bizcocho. Es un gesto pequeño, pero la gente lo recuerda. Comparte un rato de sobremesa antes de que se vayan, sin prisas. Un desayuno tranquilo, con conversación y café, es el mejor final para una visita, y una buena razón para invitarles otra vez.